lunes, 11 de mayo de 2026

Michael -Biopic- Abril 2026


(Aviso a navegantes: la publicación es larga y puede resultar tediosa y aburrida).

Pertenezco a ese grupo de personas que son incapaces de separar la genialidad del comportamiento. Por muy genio que sea alguien, si se comporta mal con los semejantes o el entorno, para mí, pierde valor aunque su arte permanezca inquebrantable.

A mediados de los ’70, aquellos anhelos infantiles de dedicarme al baile cuando fuera mayor mientras quedaba petrificada delante de la tele y disfrutaba con los programas musicales donde salía mi idolatrado Ballet Zoom de TVE, Raffaella Carrá o Don Lurio, hizo que mis padres me trajeran de Sevilla uno de los mejores regalos que pude tener además de mi Nancy: una peluca rubia con la que disfruté años y años desde 1976, (las anécdotas con la peluca las dejaré para otra ocasión)…

Así pues, una Nochevieja de 1978 estupefacta quedé cuando apareció ante mí un vídeo que me dejó ojiplática y, durante mucho tiempo, con pocas pero impactantes imágenes en mi memoria: varios jóvenes negros con amplia sonrisa y maravilloso pelo afro junto a unos zapatos que bailaban solos al ritmo trepidante de una canción contagiosa; todo eso, con una luz que ribeteaba sus cuerpos y se movía al compás. No había IA, no había internet, apenas información, y si ésta llegaba lo hacía meses o semanas después a cuenta gotas… Y yo, una niña pegada a un recuerdo que se me repetía constantemente y que hacía preguntarme qué fue aquello que vi en televisión.

Y lo que vi aquella mágica noche que cambiaba de 1978 a 1979 con mis 9 años cumplidos en verano fue, nada más y nada menos que el famoso “Blame it on the Boogie” de The Jacksons –no los Jacksons Five anteriores a 1978 a los que también fui redescubriendo y comprando sus discos-, sino la segunda etapa de una familia de artistas de tímida pero emergente proyección internacional.

Bastante antes de la era digital, donde como nos ha ocurrido a much@s, gran parte de nuestros recuerdos musicales se han ido desbloqueando, me iba encontrando información de manera muy casual sobre aquel grupo que tanto me impactó: revistas, viajes, fines de curso, mi inseparable Discoplay de cada mes, los primeros singles con 11, 12 y 13 años, Lp´s con el aumento de la paga semanal…

De 1981 a 1985 disfruté de lo lindo con su música y traduciendo sus canciones. A Beata, mi profe de inglés la volvía “tarumba”. Luego, a partir de 1986 se desató una locura colectiva que no terminó de envolverme aunque mi admiración siguió siempre intacta. A partir de ahí, seguí leyendo todo, lo autorizado y lo no autorizado. Lo que salía de sus oficinas de comunicación de manera intencionada, y lo que inventaban y el tiempo desmontaba… El vídeoclip “Thriller” se emitió en España la nochevieja de 1985 (otra Nochevieja). Desde entonces, la Jacksomanía en la figura exclusiva del vocalista de The Jacksons contagió al mundo entero durante décadas.

1983

No hay duda de que Michael Jackson fue un genio de la música y el baile. Un artista brillante con mirada triste y una infancia robada que, unida a una extrema religiosidad, a su personalidad introvertida marcada por una abusiva y férrea disciplina acompañada de un éxito abrumador desde muy joven, convirtieron a un niño inocente en estrella mundial con la responsabilidad y atención constante que aquello pudo acarrearle. Para volverse locos. Infancias rotas, resultado demoledor.

Por eso creo firmemente que todo ello unido a una constante negación de sus demonios internos en una sociedad como la estadounidense muy infantilizada, y donde el dinero sella todas las diferencias sociales y compra silencios, lo fueron convirtiendo en un personaje irreal y desgraciado, y tristemente, en una caricatura de sí mismo.

Al final de sus días, su baile, su profesionalidad, su indiscutible arte y genialidad, su compromiso social, sus letras reivindicativas donde denunciaba la brutalidad policial y abusos de autoridad, la destrucción del planeta por los poderosos y el cuidado de la infancia a un ritmo excepcional, fueron eclipsados por varias denuncias de jóvenes que lo acompañaron en sus giras siendo niños y donde, de nuevo, el dinero sobrevoló la sospecha.

Cuando todo se puede comprar, el vacío debe ser inmenso…

Por mi parte, dejé de comprar cualquier producto editado después de su fallecimiento. Aún no he visto la película. No tengo prisa. Probablemente la veré y seguramente me emocionaré.

Aunque los ‘Jacksons Five’ me quedaron más lejos a veces me sorprendía a mí misma cantando sus temas pero sin duda, ‘The Jacksons’ primero, y su vocalista después, han sido parte de la banda sonora de mi vida y de multitud de anécdotas divertidas.

No hay canción con la que no vibre. Así que hasta ahí, quedo agradecida.

Desgraciadamente, ningún brillo de sus lentejuelas alumbró la oscuridad en la que Michael Jackson vivió sus últimos años y el lamento que siempre le acompañó.

La música emociona y hace soñar, el baile te hace volar, levitar, ir de puntillas por el mundo…pero cuando la pieza termina, mejor abrir bien los ojos, poner los pies en la tierra y pisar realidad. Es el mejor antídoto frente a cualquier tenebrosa genialidad.  

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Lo de hoy no ha sido opinión, ha sido puro sentimiento.

1984
1985

1989

Abril 2026

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